Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

Un jalogüín de palo

Hoy he visto las imágenes y videos que circulan por las redes sociales mostrando a personas en toda Cuba, en sus centros de trabajo o en sus barrios, entrenándose en el «día territorial de la defensa». La tarea bélica que les ha sido asignada no es otra que «impedir que fuerzas ajenas a la revolución quieran subvertir el orden y tomar por asalto..».

Ejercicio de práctica del «día territorial de la defensa» en un centro de trabajo en Cuba esta semana. Locación desconocida.

No sé a qué se refieren con «ajenas», pues aquí la mayoría de nosotros nació y creció dentro de eso que siguen insistiendo en llamar revolución. Tampoco sé qué entienden estas personas por «revolución» (porque evidentemente el famoso «concepto» no es). Será que para mí el uso que hoy se le da a esa palabra secuestrada le ha hecho perder el sentido, sobre todo el sentido del momento histórico, y estas imágenes son la evidencia más palpable. Pero la pregunta más inquietante es a qué se refieren con «impedir».

Muchas de estas personas aparecen armadas con palos y se muestran crispados, amenazantes, no como en la danza de los guerreros maoríes, sino más bien con el aspaviento de los guapetones de solar; otras simplemente blanden sus palos con fastidio, por la inercia de estar en el grupo y mimetizar la conducta de los demás. En uno de los videos que ha circulado (ver aquí 👈) hay un juego de roles en el simulacro de enfrentamiento, en el que varios individuos representan a los supuestos «alteradores del orden» que llegan desafiando a los vecinos de un barrio y golpeando las puertas de un centro de trabajo, con la intención aparente de entrar por la fuerza. Los trabajadores salen a darles batalla tomándose de las manos y cercándolos, aturdiéndolos con gritos de «patria o muerte, venceremos».

El tema es que estas imágenes y videos no los propaga «el enemigo enfrascado en la guerra de la información», sino esas mismas personas, desde sus cuentas personales o desde las cuentas oficiales de sus instituciones y centros de trabajo en Facebook o Twitter. O sea que no solo no se avergüenzan, sino que se vanaglorian de ello. Wl propósito de diseminar sin pudor estas imágenes no es otro que intimidar, poner «fuerza de cara», como dicen en la jerga de la calle. Pero lo más estremecedor es pensar que, si se están entrenando para ello, puedan llegar al extremo de ejecutar en la práctica, de hacer física, la violencia política y simbólica que ahora ejercen desde estos espectáculos de fuerza.

Me pregunto cuántos se habrán negado a participar en esto, y si acaso tenían opción. Me da esperanza pensar que hay gente con un mínimo de reserva de salud mental y de dignidad que se haya negado a formar parte de esto, en los centros de trabajo y estudio, y en los barrios tanto como en las instituciones armadas y políticas. Creo que aunque la mayoría de las veces no te sea posible en Cuba hacer aquello que deseas y en lo que crees, siempre, siempre hay la opción de negarte a participar en lo que no crees ni deseas.

La mayoría de los amigos que han visto estas imágenes y me han llamado la atención sobre ellas se ríen, y es comprensible. Sí, mirándolo superficialmente es ridículo, es patético, es una payasada. Adultos comportándose como pandillas de niños jugando a la guerra con palos. Solo que la guerra en este caso no es con soldaditos de plomo, ni es contra marines de la 82 división aerotransportada, sino contra seres humanos que habitan en el mismo barrio, que trabajan en el mismo lugar, que caminan por sus mismas calles, compran en sus mismas bodegas, montan en sus mismas guaguas, fueron a sus mismas escuelas, se sientan en el mismo malecón y comparten en el barrio sus mismas escaseces, sus mismas alegrías y tristezas cotidianas. No se arman y bravuconean contra un invasor extranjero, contra quien sin ser invitado mancilla con su bota nuestras playas, aunque les hayan hecho creer eso a cada instante. Por eso, al mismo tiempo que da risa, es muy triste, es muy preocupante, y trae grises presagios sobre el porvenir de Cuba.

Este es el teatro del absurdo en que nos han convertido. Los que dirigen la puesta en escena de este guiñol demencial, continúan incitando a estos hermanos cubanos, ya infantilizados, imbecilizados y convertidos en títeres de cachiporra por la propaganda incesante y por una educación políticamente sesgada a favor del estatus quo y cimentada en el odio al disenso, a amenazar y a prepararse para agredir violentamente a otros hermanos cubanos. Esos «otros» que hoy vuelven a fabricar torpemente, son los herederos de aquellos «otros» de la UMAP, de la parametración, del Mariel, del Maleconazo, de la primavera negra del 2003.

Pero resulta que no son otros, no son ningún enemigo, son personas iguales a nosotros, y si nos han hecho creer que «no los queremos», es porque no sabemos que en el fondo sí los necesitamos, y hoy más que nunca. Estos compatriotas tan solo han despertado de la larga sesión de hipnosis en la que hemos estado, han comprendido las reglas del juego y han decidido salir de él para mirar la realidad de frente y cambiarla, porque debe ser cambiada, porque ya se ha desvivido y se ha esperado demasiado. Ellos solo quieren pensar, actuar y vivir, y en consecuencia que se les trate, como adultos. Por ello exigen que se les respeten, y poder ejercer en libertad plena y en condiciones de verdadera equidad democrática, sus derechos políticos, civiles y humanos, y que no se les mande a callar y esperar en un rincón cuando en la habitación se abordan temas cruciales para su futuro. Estos cubanos adultos que desean manifestarse pacíficamente, como es su derecho inalienable, esté o no recogido en un papel, se encontrarían pues con esta chiquillada violenta al salir a la calle a pedir que sus voces sean escuchadas. Los que ahora hacen un swing imaginario sobre las cabezas de los compatriotas que se manifestarán, no saben, y quizás no pueden saber, que estos pedirán por un futuro mejor también para ellos.

Desconcierta pensar que después de este hilarante simulacro de acto de repudio, de jalogüín de palo, de fascismo tropicalizado y juguetón, que va de la cadena humana al estilo «dame la mano y danzaremos» a la conga desarticulada y sin música, con gestos de mimo, consigna y puño alzado al final, estos cubanos, en fin, menesterosos como el 99% de sus compatriotas en la isla, que creen que están defendiendo la patria contra un «grupúsculo» de posesos por el demonio capitalista e imperialista del norte, volverían, después de ensayar el horror como si no se percataran de que no es un juego, a gritarse entre sí en la cola del pollo, a la cabeza gacha, al pan y al circo, como si nada hubiera pasado, ni nada estuviese por pasar.

Insisto en que sería apenas una cómica puesta en escena si no me trajese a la mente las trágicas imágenes de 1980 en Cuba, y las que dejó como saldo el conflicto civil en Rwanda. En Rwanda en 1994, como antes en Cuba en 1980, la radio y la televisión se habían pasado días y semanas llamándoles «cucarachas» o «gusanos» a seres humanos que después terminaron, en efecto, siendo aplastados por las turbas.

Entristece saber que del lado opuesto de la calle, estas «milicias» y «brigadas de respuesta rápida» encontrarán amigos, familiares, vecinos, colegas. Serán azuzados contra ellos por los que no van a dar la cara, por los que van a estar a salvo, por los que no los ven como otra cosa que no sea masa y plebe. Estos últimos quieren asegurarse de que la marcha se vea como un evento violento, para así legitimar el descrédito de su causa, la intervención de las fuerzas represivas, la prisión y el exilio. Pero serán los rostros de estos compatriotas llevados a la locura y la violencia los que aparecerán en las imágenes, y será ellos y ellas quienes se enfrentarán un día al juicio moral de su propia conciencia, y a las preguntas de sus hijos y nietos, cuando llegue el momento inevitable en que les pregunten si estaban del lado de los que daban palos o de los que pacíficamente pedían democracia, libertad de expresión y asociación, y libertad para los presos políticos.

Estamos jugando a sacar chispas dentro de un polvorín. Los que permiten que esto suceda, que se esté sembrando la semilla de una guerra civil entre compatriotas, en vez de abogar por el diálogo, la tolerancia, y el respeto al derecho de manifestación pacífica, y oponer así la razón, la solución política y el sentido moral a la barbarie, son cómplices de un crimen. Los que directamente lo diseñan y promueven no son otra cosa que criminales.

Anuncio publicitario

2 respuestas a «Un jalogüín de palo»

  1. Estos infelices (en las diversas terminologías que pueda imaginarse) no están para dar palos. El desgano con el que hacen el cansino coro de «presente!», la manera consuetudinaria en que se agrupan unos por aquí y otros por allá (como separándose al tiempo que parecen estar aún en el conjunto combativo, lo cual es claramente una conspiración), el infantil balanceo de la cabilla o el agarre dudosamente combativo del mazo, les delata. Ellos saben lo ridículo que es todo esto, pero se prestan al teatro. Ellos no van a dar palos, incluso aunque salgan a la calle en un momento decisivo, en la hora de la verdad, conminados por la misma fuerza o argumentos que les hace administrar su indignidad (no perder el trabajo, no buscarse líos, qué voy a resolver, etcétera). Para dar palos, duro, están los profesionales: militares de civil, brigadas entrenadas en la ignominia y el abuso, militares con todo el ropaje y gorras coloridas de la parafernalia represiva del régimen, que para eso se les paga. Pero la labor de estos infelices es impagable: esos vídeos en las redes, ese esfuerzo inerte es el decorado del régimen para decir luego que quienes dieron los palos era, ya lo ven, el pueblo. Así que, da igual si se animan a apalear o consiguen hacer mutis por el foro, llegado el momento: ya son, solamente de momento, cómplices.

    Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: