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Te lo dije…

(Nota del 19 de abril de 2021. Publicada originalmente en Facebook)

Ya hasta lo que uno dice lo puede convertir en efeméride. He aquí que Facebook el memorioso me recuerda que en esta misma fecha de abril glorioso, pero hace cinco años ya (19 de abril de 2016), le daba rienda suelta a la lengua sobre un tema que ya había tratado otras veces, como lo trataría en más ocasiones después. No es que me guste volver a lo mismo, es que resulta imposible en Cuba, donde parece que no pasa el tiempo, y que nada pasa, repetir «los mismos gestos y las mismas palabras… los mismos gestos y las mismas palabras» una y otra vez.


Ya se hizo un nuevo congreso del partido comunista de Cuba. Tan exasperado estaba en aquel entonces que ni comas ponía, ni dividía las oraciones. Hoy ya ni sé para qué escribo. Pero es revelador comprobar que un texto como este, hijo del exabrupto, pudiera leerse hoy con estoicismo, como un «te lo dije», y casi como si lo hiciera en esa misma tarde en que salió disparado. Hoy estaríamos, estoy seguro, mucho mejor preparados para afrontar el presente y el futuro, si entonces, y aunque ya a destiempo, en vez de la obsesión con la continuidad que hoy se sigue machacando, se hubiera empezado a hacer lo que un día se tendrá que hacer de todos modos, sin más remedio y en peores condiciones. Peores condiciones para la mayoría.


SOBRE LA AMENAZA OCULTA DE LOS VENDEDORES DE SALCHICHAS

(Texto de Archivo)

Caballero ya esto es mucho con demasiado. Puede que yo tenga una percepción naif de ciertos asuntos, tanto o más que el 90 por cien de los militantes del partido comunista cubano, pero a diferencia de estos yo confieso que no acabo de entender la intervención, en una de las sesiones del VII Congreso del PCC, del Señor Bruno Parrilla, una más entre muchas que en los últimos días han reincidido, con mayor o menor enfoque y empeño, en menoscabar y polarizar política y moralmente la percepción que tenemos de los trabajadores por cuenta propia en Cuba, despertando suspicacias de todo tipo acerca de su verdadero papel transformador en la sociedad cubana. Ahora resulta que sí son importantes… como herramienta útil a los propósitos del enemigo. Ya estoy harto de que se continúen definiendo nuestras vidas, instituciones, opiniones y acciones por lo que de ellas piense o espere el “enemigo“.

Si no se quiere que las «grandes corporaciones norteamericanas» usurpen el futuro de (lo que quede de) la economía nacional, me pregunto, ¿por qué no dejan que los emprendedores del propio sector privado cubano (o sector no estatal, o por cuenta propia, o cualquiera que sea el eufemismo en tono de neo-economía política que antes usaron para minimizarlo y despolitizarlo) invierta en los sectores estratégicos de desarrollo del país, o al menos lo dejan crecer, innovar y prosperar en paz, sin necesidad de que incline su balanza y toda su reprimida energía creativa únicamente hacia el sector informal o al mercado negro como hasta ahora? O sea, ¿por qué las regulaciones de las que tanto se habla no son precisamente eso, regulaciones, y no restricciones draconianas, pensadas más para evitar que el cubano de a pie “saque la cabeza a flote“ y se emancipe de su dependencia económica casi absoluta del estado, que para hacer una supuesta profilaxis contra el derroche, la corrupción, la improductividad y la incompetencia, cosas estas que hasta ahora, sin embargo, han sido patrimonio casi exclusivo del sector estatal?.

¿Por qué, de paso, no dejan lugar para que en la “ley de inversión extranjera“ tengan cabida los emprendedores cubanos esparcidos por todo el planeta, incluyendo los Estados Unidos? A fin de cuentas, cuando conviene son legalmente tratados como cubanos y están obligados por todos los deberes, leyes y limitaciones de las leyes cubanas (y hasta por las arbitrariedades y castigos de los “organismos“, que frecuentemente violan esas mismas leyes), aunque vivan en cualquier otro lugar.., pero cuando no conviene, son tratados como extranjeros y se les priva en absoluto de esos derechos. Y qué bueno sería, digo yo, que se permita (incluso que se incentive) a los emprendedores privados cubanos que insisten, contra todo pronóstico, en quedarse en la isla, a hacer, abierta y transparentemente (legalmente), “joint ventures“ o “empresas mixtas“ entre ellos, con sus compatriotas de ultramar y también con inversionistas extranjeros. Porque si la necesidad de una “ley de inversión extranjera“ no se compensa con el derecho a una inversión doméstica del sector privado cubano, ¿no estamos acaso asistiendo a la venta exclusiva de la cartera de inversiones de la economía nacional a los “extranjeros-extranjeros de verdad“? Nada más alejado de aquel “con todos y para el bien de todos“ con que Martí soñó una Cuba unida en el amor y el aporte de sus hijos, dondequiera que estén, y sea cual sea su prisma ideológico, si la ven como Madre y llevan en el corazón la vocación de crear y construir para ella.

Un analista económico en Cuba me dijo que, comparado con el empresariado estatal, el sector privado no tenía un peso significativo en la economía del país, que todavía era apenas un puñado de restaurancitos, fiambres y otros negocios de poca monta. Pues mira que quizás no le falte razón (aunque está algo desinformado, porque las historias de éxito al margen de la gestión del estado no suelen hacer titulares en el noticiero); pero lo que no me dijo el analista es que era así por decreto, y no por falta del tradicional empuje de la iniciativa independiente (esta última palabra aún provoca escalofríos sin importar el contexto ni el sentido con que se diga). Espero que si el congreso del partido quiere en serio consolidar el futuro de la economía cubana, comprenda, entre otras mil cosas, la necesidad de que también nuestros cuentapropistas exporten sus productos y servicios, y que de igual modo importen las materias primas, tecnologías y servicios que por el momento no puede proveer el sector productivo o de servicios de la isla y que necesitan imperiosamente para crear su propia riqueza, todo ello legalmente y sin más limitaciones que las lógicas. El sentido común suele ser muy útil en materia económica.

Yo digo, háganse leyes para proteger y fomentar la contribución del sector privado cubano, para empoderar al emprendedor y reconocer su esfuerzo, iniciativa, inteligencia y su papel en el presente y el futuro de la economía cubana, para continuar quitándoles las cadenas que le asfixian y no le dejan avanzar y aportar con todo su potencial, y que hoy le conminan, por el contrario, a acopiar activos para luego llevarse todo su ímpetu y sus ahorros a otros países, en vez de continuar invirtiéndolos en el crecimiento de la economía de SU PAIS y de los suyos. Déjese que de esta forma el sector privado cubano, y así el entramado integral de la economía cubana, estén mejor preparados para afrontar y equilibrar las ondas de choque que supondrían una mayor apertura del país al capital extranjero.

Como empezó / Como va

Si se hubiera hecho esto, “sin prisa pero sin pausa“ hace 25 años, quizás los hoteles que hoy les ofrecen a los Sheraton de USA para su explotación, podrían estar siendo administrados, en correspondencia con todos los estándares internacionales, con la frente alta, los activos sólidos y la capacidad de negociación intacta, por los López de Centro Habana o los Fernández de Viñales, y en vez del fetiche post-apocalíptico de la Habana inundada de McDonalds, estaríamos bajo los dominios indiscutibles de la fritura de malanga, el pan con lechón y el batido de guanábana.

Tuvimos además la oportunidad de hacerlo partiendo casi desde cero, lo que significa que habiendo sido testigos de las flaquezas, injusticias, negligencias, ineficiencias, desregulación y abandono del “fair game“ que pudieran lastrar al capitalismo fundamentalista contemporáneo desde los 80, con las secuelas sociales y las amenazas a la democracia que acarrea (y que hasta la masa crítica de la propia sociedad norteamericana reconoce e intenta corregir hoy en cierta medida), y obviamente conscientes de la urgencia de una revisión crítica de los avatares del ideal socialista desde el enfoque más abarcador de la democracia, pudimos haber fusionado solo lo mejor y haber organizado, supervisado, racionalizado y humanizado (no prohibido, marginado, minimizado, estigmatizado) la participación verdaderamente genuina y libre de un sector productivo independiente fructífero, justo, responsable y solidario, que se rija por las leyes, asuma compromisos cívicos y acate sus obligaciones públicas, y tenga el sentido de pertenencia que esperamos de él (cualidades todas que en su mayor parte ya lo identifican, al margen de, y lo quieran o no sus detractores).

En vez de ello tengo que indignarme viendo cómo a estas alturas la facción más demodé, conservadora, reaccionaria y antiprogresista del partido vuelve a las prácticas de anatematizar y demonizar a los emprendedores cubanos, creando la división que en cambio dicen combatir, preparando el terreno político (“haciendo la cama“, como decimos en Cuba), para que una vez convertidos en cucarachas, como aconsejaba Goebbels actuar sobre el “tema judío“, definidos los bandos, subrayados los complejos de inferioridad y superioridad, asignadas las culpas y blandiendo la bandera de la “necesidad histórica“, aplastarlos, intimidarlos o refrenarlos, a ellos y a la “competencia“ que suponen, con más facilidad.

En fin, que a pesar de las muy eventuales frases de desagravio donde se habla tímidamente de un sector no estatal revolucionario y patriótico (en oposición a otro que suponemos predestinado a caer en la órbita neoliberal mundial y en los esquemas de subversión del enemigo, y ya sabemos los indicadores por los cuales podrías ser clasificado en una u otra categoría), lo cierto es que una cantidad alarmantemente creciente de comentarios, advertencias y sermones en el medio político cubano evidencian que se ha empezado a gestar una nueva agenda de descrédito para convertir a nuestros ya bastante vapuleados “cuentapropistas“ (que antes ya habían pasado por las casillas de neoburgués, maceta, individualista, merolico, oportunista, especulador y muchas más) en nuevos chivos expiatorios, en “agentes de cambio“ político, en “golpistas económicos“, en un peligro potencial del que hay que cuidarse. A causa del terror que provocaron las palabras de Obama a cerca de la libertad, nuestros “cuentapropistas“ tendrían que entrar en el terreno de la absoluta neutralidad política, hasta a la hora de discutir sobre pelota, aún a expensas de no defender sus derechos o manifestarse ante una injusticia, si no quieren perder su “puesto de venta de salchichas“ bajo sospecha de ser agentes encubiertos pagados por el enemigo.

Por mi parte, a pesar de los berrinches de algunos anacoretas reaccionarios, no he perdido la esperanza de que en mi país se le siga pierda el miedo a un diálogo abierto, sincero, horizontal y plural (libre y público) acerca de lo que cada cuál entiende por libertad, la económica y de todo tipo. Ese sería un buen preámbulo para cualquier propuesta de referéndum constitucional en Cuba. Lo que digamos y esperemos de nosotros mismos importa ahora mucho más que lo que diga y espere el “enemigo“ (que lo de “amigo“ duró muy poco). Por lo pronto, buena suerte y ándense con cuidado, los vendedores de salchichas.


Sobre la amenaza de los vendedores de salchichas fue publicado originalmente en Facebook el 19 de abril de 2016

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